¿Buscar "Transformación digital" y reemplazar por "IA"?

¿Buscar "Transformación digital" y reemplazar por "IA"?

Julián de Cabo, CSO (Director de Estrategia) en Sngular y Profesor en IE Business School

Julián de Cabo

CSO (Director de Estrategia) en Sngular y Profesor en IE Business School

15 de septiembre de 2026

Otra vez

Hace unos meses participé en una mesa redonda sobre transformación empresarial e inteligencia artificial. El título prometía: "De la promesa tecnológica al impacto real". La realidad fue más modesta. Durante la mayor parte de la sesión, la conversación giró alrededor de lo de siempre: casos de uso, herramientas, productividad, agentes. La IA como solución. La IA como futuro. La IA como inevitabilidad.

En mi turno dije algo que cambió un poco el tono de la sala: que la transformación agéntica que nos están vendiendo no es muy diferente de aquella transformación digital que, en el 80% de los casos, se quedó en simple digitalización. Que las empresas están automatizando con IA exactamente los mismos procesos que ya tenían, sin preguntarse si esos procesos tienen sentido en un mundo donde la IA existe. Que estamos repitiendo el error. Hubo un silencio un poco incómodo, como sucede cuando alguien se sale del guión previsto. Supongo que nadie esperaba una respuesta así por parte de alguien que debía vender fe ciega en el futuro, viniendo de una consultora de tecnología.

El error de siempre, visto desde las telcos

Pero es que conozco bien este patrón porque lo viví desde dentro. Cuando las telecomunicaciones pasaron de conmutación de circuitos a conmutación de paquetes, el cambio no era solo técnico. Era económico, estratégico y existencial. En un mundo de circuitos, cada llamada ocupaba un canal dedicado durante toda la conversación, y se cobraba por minuto. En un mundo de paquetes, el coste marginal de transportar un paquete de datos más era esencialmente cero. Eso no cambiaba solo la infraestructura. Cambiaba la estructura de costes, el modelo de facturación y, en última instancia, el modelo de negocio entero.

¿Qué hicieron las telcos? Digitalizaron sus redes. Pasaron de infraestructura analógica a infraestructura digital. Y declararon victoria. Algunas fueron más lejos y adaptaron procesos operativos, como la provisión de servicio, la gestión de red o la atención al cliente. Pero casi ninguna se sentó a pensar qué implicaba para su modelo de negocio que transportar datos fuera esencialmente gratis. Que sobre esas tuberías de coste marginal cero se podían construir servicios que ellas ni imaginaban. Que Google, Netflix y Amazon iban a edificar imperios sobre una infraestructura que las telcos habían construido y pagado, sin capturar ni un céntimo del valor que circulaba por ella.

No fue una amenaza externa lo que las derrotó. Fue su propia incapacidad de leer el cambio en la capa correcta.

Las tres capas

Toda disrupción tecnológica impacta en tres niveles, cuyo orden importa. El primero es la estrategia, donde la cuestión clave es si la disrupción tiene potencial para cambiar lo que mi negocio puede o debe ser. El segundo son los procesos, donde el punto central está en si siguen teniendo sentido las cosas que hago y cómo las hago. Y el último nivel es el de la realidad operativa, momento en el cual merece la pena preguntarse con qué herramientas e infraestructura lo ejecuto.

Y el error típico es abordarlo al revés. En muchos casos como producto del ataque de nervios o la presión por no quedarse atrás. Se empieza por la herramienta (la nueva tecnología, o la nueva infraestructura) y se sube hacia arriba. Se digitaliza la red sin repensar el proceso. Se optimiza el proceso sin cuestionar la estrategia. Y cuando alguien construye un negocio completamente nuevo sobre la misma tecnología que tú solo usaste para hacer lo de siempre un poco más rápido, te preguntas qué pasó.

Las telcos hicieron exactamente eso. Digitalizaron la capa de infraestructura. Algunas tocaron la capa de procesos. Casi ninguna llegó a la capa de estrategia. Y las que lo intentamos (Terra entre ellas, con todos nuestros errores) llegamos demasiado tarde o con demasiadas ataduras al negocio tradicional.

El mismo error, versión 2026

Con la IA está pasando lo mismo. Las empresas están desplegando herramientas de IA generativa (Copilot para Office, chatbots en atención al cliente, asistentes de código...) sin replantearse nada más. Que no es más que digitalización con otro nombre. Se automatiza el informe que nadie leía. Se genera con IA el documento de veinte páginas que la IA del destinatario tendrá que resumir. Se lanza a todo el mundo al "vibe coding" para producir aplicaciones sin fundamentos técnicos, llenas de brechas de seguridad, que resuelven problemas que nadie tenía. Se contrata gente pidiendo cinco años de experiencia en una tecnología que tiene dos.

De nuevo, todo eso es operar en la capa de infraestructura y, como mucho, en la de procesos. La capa de estrategia, donde residen los verdaderos retos, como ¿qué puedo hacer ahora que antes era imposible? ¿qué parte de mi modelo de negocio queda obsoleta? o ¿dónde está la oportunidad que solo existe porque esta tecnología existe? queda sin tocar.

Pero esta vez hay tres cosas que lo hacen peor

Si el error fuera simplemente una repetición de lo que ya pasó con Internet, con el cloud o con el ERP, bastaría con repetir el diagnóstico y esperar a que la historia se corrija sola. Pero hay al menos tres rupturas que hacen de esta disrupción algo cualitativamente distinto a las anteriores. Y las tres están siendo ignoradas con una ligereza espeluznante.

La primera es la sustitución cognitiva. Las tecnologías anteriores automatizaban procesos, reinventaban canales o abordaban tareas manuales. La IA es la primera con potencial para sustituir trabajo cognitivo a escala amplia. Repite despacio conmigo: cog-ni-ti-vo. Eso cambia las reglas del juego de una forma que no tiene precedente. ¿Qué pasa cuando un mando intermedio gestiona treinta agentes de IA y cinco personas? ¿Con qué métricas evalúas su rendimiento? ¿Cómo gestionas la relación laboral con alguien cuyo equipo está compuesto mayoritariamente por máquinas? Nadie lo está pensando porque todo el mundo está obsesionado con desplegar herramientas lo más rápidamente posible.

La segunda es el problema de la cantera. Si la IA elimina las tareas rutinarias que históricamente se encargaban a los profesionales junior (el primer borrador del contrato, la primera revisión de cifras, la primera línea de código que no funciona), estás eliminando el camino que convertía a los juniors en seniors. La experiencia profesional no es una línea en un currículum: es el poso que deja una cadena de errores corregidos por alguien con criterio. Si eliminas el dolor que provocan los errores porque la máquina los evita, ¿cómo produces a los profesionales que dentro de diez años tendrán que tomar las decisiones que la máquina no puede tomar?

La tercera es la velocidad de obsolescencia de la ventaja competitiva. En disrupciones previas, la implementación era la barrera: años de integración, equipos formados, despliegues progresivos, medición obsesiva de KPIs. Con la IA, implementar puede ser cuestión de semanas. Eso significa que la ventaja no viene de tener la tecnología que todos tendrán casi simultáneamente, sino de la velocidad con que rediseñas tu organización alrededor de ella. Y si la ventaja por implementación es efímera, lo único sostenible es la capacidad de rediseño continuo. ¿Crees que eso lo resuelve un despliegue de licencias? Lo resuelve una cultura organizativa que la mayoría de las empresas no tiene, ni sabe cómo construir.

La pregunta que nadie hizo

En la mesa redonda, cuando terminé, un asistente me preguntó qué debería hacer su empresa. Le respondí con otra pregunta: si mañana la IA desapareciera, ¿qué cambiaría en tu negocio? Si la respuesta es "casi nada", entonces lo que tienes no es una estrategia de IA. Tienes una suscripción.

La transformación real empieza cuando alguien con visión estratégica mira la herramienta y no se pregunta "¿cómo hago lo mismo más rápido?" sino "¿qué puedo hacer ahora que antes no podía?". Esa pregunta no la contesta un despliegue masivo de licencias de Copilot a todo el organigrama. La contesta un equipo reducido con capacidad de reinventar, tiempo para pensar y acceso a la tecnología adecuada.

Y hay una segunda pregunta que nadie está haciendo y que debería quitar el sueño a cualquier director de recursos humanos: ¿quién va a formar a los que nos sustituyan, si estamos eliminando el camino por el que se formaron los que hoy toman las decisiones?

Las telcos tuvieron la infraestructura del futuro en sus manos y la usaron para seguir haciendo lo de siempre. Hoy, las empresas tienen en la IA la herramienta más potente de reinvención que ha existido desde internet. La pregunta es si quienes la apliquen van a usarla para reinventar o para digitalizar.

Yo sé cuál fue la respuesta la última vez. ¿Apostamos a que se repite?

Este artículo forma parte de una serie iniciada en "¡Menos madera, es la guerra!", que continúa en "¿El final de la barra libre de tokens?", "¿Y si la Misión Génesis fuera un inmenso error?", "¿Dónde está la bolita?", "Del paquete al token y vuelta a empezar", "Invirtiendo en máquinas de escribir", "¿Llegará a tiempo la "Killer App?", "¿Nos están haciendo un hueco?", "Encuentre las 8 diferencias" , "¿Acabará la IA en una mochila?". "¿Será Nvidia la nueva Kodak?", "¿Es CUDA la poción mágica de Nvidia?", "Ni conciencia ni consciencia", "Ni Hawking ni Einstein. El verdadero origen de la inteligencia", "Yogures y tokens. Bienvenidos al confusopolio de la IA", "El matemático que dejó las matemáticas" Y continuará...

Julián de Cabo, CSO (Director de Estrategia) en Sngular y Profesor en IE Business School

Julián de Cabo

CSO (Director de Estrategia) en Sngular y Profesor en IE Business School

Julián de Cabo es CSO en Sngular, además de Presidente del Comité Académico en EDIX y Profesor en IE Business School. Enamorado de la tecnología, de la enseñanza y de las personas.


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