Escalando la IA sin perder el control
12 de febrero de 2026
Gemini Enterprise es la clave para gobernar e impulsar el auge de los agentes autónomos
Cuando analizamos hacia dónde se mueve la Inteligencia Artificial, hay un término que se empieza a escuchar cada vez más y que, con total seguridad, protagonizará gran parte de las conversaciones tecnológicas a lo largo de 2026: los “Agentes Autónomos”.
En tan solo unos años hemos pasado de sorprendernos por la capacidad de los asistentes conversacionales para darnos respuestas útiles, a plantearnos arquitecturas mucho más ambiciosas. Ya no solo buscamos una interfaz de chat; estamos empezando a diseñar sistemas que puedan dispararse automáticamente, trabajar en segundo plano y ser personalizados de tal forma que la labor del humano pase a ser la de supervisar los resultados producidos.
Evolución del ecosistema de agentes
Es importante entender que no estamos ante una tecnología que viene a desplazar a las anteriores, sino ante una evolución que amplía nuestro abanico de posibilidades. El asistente no va a desaparecer, como tampoco lo hará el agente interactivo; simplemente ahora contamos con un nuevo nivel de autonomía para cubrir con más facilidad nuevos casos de uso.
Los Asistentes han sido nuestro punto de partida. Son ideales para interacciones directas donde el usuario guía la conversación para obtener una respuesta o un contenido específico.
A lo largo de 2025 se popularizó y empezó a expandir el concepto de Agente interactivo. Se trata de agentes capaces de seguir una serie de instrucciones para ejecutar tareas complejas que requieren realizar distintas acciones secuenciales e interactuar con otros sistemas o agentes. Aquí, el agente no sólo responde, sino que actúa, y el humano permanece dentro del proceso, controlándolo y validando paso a paso.
La frontera que ya se ha cruzado es la de los Agentes autónomos. A diferencia del modelo interactivo, el agente autónomo puede ejecutar procesos de forma independiente. No es que el humano esté fuera, sino que se sitúa sobre el proceso, supervisando el resultado de un trabajo que se ejecuta de forma automática en segundo plano.
Hemos llegado a un punto de versatilidad tecnológica que nos permite abordar los problemas de distintas formas, según el nivel de implicación que queramos tener en cada tarea.

Nuevos retos
El hecho de que ya podamos diseñar procesos con agentes autónomos no significa que hayamos resuelto las bases operativas de la Inteligencia Artificial. En muchas organizaciones, el entusiasmo por la vanguardia tecnológica convive con una asignatura pendiente: consolidar el gobierno, la democratización y la seguridad de estas herramientas.
Pensemos en un escenario habitual: un usuario logra, tras meses de ajustes, que un asistente conectado a fuentes de datos corporativas funcione con precisión. Es un éxito rotundo, pero es un éxito aislado. El verdadero reto surge cuando intentamos transformar esa solución individual en un activo compartido por cientos de personas. ¿Cómo escalamos ese conocimiento sin perder el control?
Incluso cuando logramos encontrar una vía para compartir estas herramientas —algo que rara vez es tan trivial como parece—, surgen interrogantes críticas que toda organización debe responder:
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Seguridad y Privacidad: ¿Cómo garantizamos que cada respuesta respete los niveles de permisos del usuario y no se convierta en una brecha de seguridad involuntaria?
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Empoderamiento del usuario: ¿Cómo permitimos que las áreas de negocio creen y distribuyan sus propios agentes sin que los equipos técnicos se conviertan en un cuello de botella constante?
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Gestión de la fragmentación: ¿Cómo gobernaremos un ecosistema de decenas o cientos de agentes desarrollados con tecnologías heterogéneas o desplegados en distintas nubes?
Por estos motivos, el mayor desafío inmediato no reside únicamente en la potencia de los modelos. El éxito real dependerá de nuestra capacidad para orquestar este ecosistema, asegurando la privacidad y estableciendo métricas de madurez que nos permitan conocer el impacto y el uso real de la IA en la compañía.
La necesidad de una Plataforma de Agentes
El análisis de los retos operativos actuales sugiere que la madurez de la IA en la empresa no vendrá de herramientas aisladas, sino de la adopción de infraestructuras integrales. Para que estas soluciones sean sostenibles, deben articularse en torno a una Flexibilidad que permita la interoperabilidad entre modelos; es decir, que la organización pueda integrar las últimas innovaciones tecnológicas sin verse obligada a reestructurar sus flujos de trabajo ante cada avance del mercado.
Desde una perspectiva de escalabilidad, estas plataformas deben actuar como habilitadoras de talento interno. Esto implica integrar capacidades No-code que permitan a los perfiles de negocio desarrollar o desplegar soluciones sin una fuerte dependencia de los equipos de IT. De este modo, la creación de valor se democratiza, permitiendo que el conocimiento experto de cada departamento se traduzca en agentes especializados de forma ágil.
El valor estratégico de estas herramientas reside, fundamentalmente, en su capacidad de Integración y Grounding. Un agente solo es útil si opera sobre el contexto real de la organización, lo que requiere una conexión robusta con los datos internos y, cuando el análisis lo exija, con fuentes de información externa. Esta operatividad debe darse, además, en un entorno de Multimodalidad nativa, donde la gestión de diversos formatos de activos (texto, imagen o vídeo) sea un proceso fluido y transparente para el usuario final.
Finalmente, cualquier despliegue de este tipo debe estar supeditado a un marco de Control y Privacidad. La agilidad en la innovación no es excluyente de una gobernanza estricta; al contrario, una plataforma sólida debe garantizar que el uso de la IA se alinee con las políticas de seguridad y cumplimiento de la organización. Es este conjunto de capacidades lo que define lo que hoy entendemos como una Plataforma de Agentes robusta.

Gemini Enterprise
Al definir y revisar su hoja de ruta, las organizaciones se enfrentan a un dilema fundamental: ¿desarrollamos una arquitectura propia desde cero o adoptamos una infraestructura ya consolidada?
Es cierto que, en escenarios de nicho con requerimientos técnicos muy singulares, puede tener sentido apostar por un desarrollo propio para mantener un control absoluto sobre cada componente. Sin embargo, para la gran mayoría de las compañías, este camino conlleva un riesgo operativo importante. El esfuerzo de construir y mantener una arquitectura propia suele obligar a la organización a invertir más recursos y talento en la propia infraestructura que en resolver los casos de uso de negocio que motivaron la inversión.
Esta dispersión de esfuerzos no solo eleva los costes, sino que alarga drásticamente los plazos para obtener resultados tangibles. En un mercado donde la tecnología evoluciona a un ritmo frenético, contar con una solución empresarial permite delegar la complejidad técnica de base para centrar toda la energía estratégica en lo que aporta valor real: la eficiencia de los procesos y la lógica de negocio.
Sin embargo, el factor diferencial no reside solo en la velocidad de despliegue, sino en las garantías de evolución. Contar con el respaldo de una plataforma que asegure la actualización constante de los modelos, sin comprometer ni romper las integraciones previas, se convierte en una ventaja competitiva crítica. Es la diferencia entre gestionar una herramienta que queda obsoleta en meses o disponer de un ecosistema que crece y se fortalece al mismo ritmo que la propia tecnología.
En este punto del análisis, propuestas como Gemini Enterprise se consolidan como la respuesta técnica a la complejidad del gobierno y el escalado, actuando como una interfaz inteligente unificada bajo los siguientes pilares:
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Modelos de nueva generación: El acceso a capacidades multimodales avanzadas, como Gemini 3, permite abordar problemas empresariales antes inalcanzables, procesando vídeo, audio y grandes volúmenes de datos bajo una misma lógica de ejecución.
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Democratización operativa mediante herramientas no-code**:** Para que la IA sea un motor de eficiencia real, no puede ser patrimonio exclusivo de los departamentos técnicos. Permitir que usuarios de Marketing o Finanzas configuren sus propios agentes garantiza que el conocimiento de negocio se traduzca en automatización de forma directa.
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Agentes especializados desde el primer día: El despliegue se acelera gracias a agentes preconfigurados en tareas críticas —como investigación profunda (Deep Research), análisis documental (NotebookLM) o asistencia en código—, permitiendo obtener resultados operativos de inmediato.
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Interoperabilidad y Grounding extendido: La plataforma elimina los silos de información al integrarse con entornos híbridos como Google Workspace, Microsoft 365, Salesforce, SAP o BigQuery. Esto garantiza que la IA opere siempre con el contexto preciso de la organización.
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Gobernanza y soberanía de datos: La gestión centralizada permite supervisar y proteger cada interacción, asegurando que la innovación cumpla con los requisitos de seguridad y que el control de la información permanezca siempre en manos de la empresa.
En última instancia, la elección de la plataforma es una decisión sobre la estabilidad futura. Se trata de elegir un socio con la capacidad de inversión necesaria para liderar el avance hacia la autonomía bajo los más estrictos estándares de Control y Privacidad, permitiendo que la empresa esté preparada hoy para lo que la tecnología exija mañana.
Cambio y acompañamiento
A medida que la tecnología se simplifica, el enfoque deja de ser puramente técnico para centrarse en la transformación y la gestión del cambio. El éxito ya no depende solo de la solución técnica, sino de nuestra capacidad para asimilar la IA como una herramienta de eficiencia real.
Para vencer las resistencias naturales a esta evolución, las herramientas más importantes no son tecnológicas, sino humanas: Comunicación, Formación y Liderazgo. Es aquí donde cobra un valor crítico contar con el acompañamiento experto de una empresa tecnológica como Sngular.
La experiencia en implantar estas soluciones demuestra que la madurez no se alcanza solo instalando software, sino integrando la excelencia técnica con una visión humana. Un socio como Sngular aporta la metodología necesaria para que la adopción sea profunda, asegurando que el paso hacia la autonomía de procesos sea, ante todo, una mejora en la capacidad y eficiencia de las personas que forman la organización.
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