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¿Puedes contarnos cómo ha sido tu trayectoria profesional?

 

Empecé mi carrera como desarrollador de software, allá en el 99, y antes de entrar en Sngular, pasé por ocho o nueve compañías en mis ocho primeros años. ¿Por qué? Pues porque iba saltando de proyectos y tecnologías, pero no acababa de encontrar un sitio donde quisiera estar más tiempo.

 

En 2007, hace ya 15 años, entré en Sngular como Senior Software Developer, en ese momento especializado en arquitectura .Net. Y, bueno, ahora soy el CEO. 

 

¿Qué ha pasado entre medias? Pues la verdad es que un montón de cosas. Empecé ayudando en los proyectos donde había más necesidad o que eran técnicamente más complejos. Un tiempo pasé de los proyectos .Net a hacer algunos proyectos con Java. 

 

Unos años después, abordamos proyectos de Cloud, con tecnologías nuevas que no habíamos tocado. Alguien tenía que ponerse a ello y así lo hice. Aprendí rápido y me puse a trabajar en ellos. 

 

Recuerdo también cuando empecé a hacer mis pinitos en Front, la primera vez que vimos temas de jQuery y que empezamos a pensar en frameworks un poco más profesionales. Ahora todo esto suena muy antiguo.

 

Después pasé por proyectos de testing automático, que para mí fue adentrarme en un mundo que no me esperaba. Fue una sorpresa el mundo del testing. 

 

Luego de un tiempo, hubo un cambio importante en mi vida. Fue hace seis años y medio cuando decidimos dar un giro a nivel familiar y profesional, y marcharnos a Estados Unidos. He pasado seis años allí y ha habido un poco de todo. Empecé nuevamente con la parte de Cloud DevOps y la verdad es que tuve suerte. Estuve involucrado en algunos proyectos muy interesantes y exigentes, pero la verdad es que aprendí bastante. 

 

Más tarde, abrimos proyectos en otra ciudad, por lo que tuvimos que mudarnos del sur al norte de Estados Unidos, a un entorno más angloparlante. Ahí volví a trabajar en arquitectura de software y proyectos de alto rendimiento. 

 

Sinceramente, no sabría decir cuando me convertí en el CTO de la compañía. Fui tomando esa responsabilidad de ir ayudando a otros equipos, en otros proyectos, a definir nuevas soluciones tecnológicos y, en muchos casos, a ayudar a arrancar proyectos, a apoyar a la gente a dibujar el camino para que otra persona pudiera acabar poniendo las carreteras. 

 

Y hace un año, hablando con José Luis, nuestro presidente, me ofreció ser CEO de Sngular. 

 

Yo diría que sigo abordando las cosas de la misma manera, siempre aprendiendo y con la tranquilidad y la constancia de que siempre te estás enfrentando a algo nuevo. Al final todos estamos en ese proceso de aprendizaje, que igual no se espera de una persona en mi posición, pero no sé hacer las cosas de otra manera. Es la forma que tengo de afrontar los desafíos del día a día.

 

¿Cómo tu capacidad de adaptación te ha ayudado en tu trayectoria?

 

La verdad es que, en general, la vida la considero un proceso continuo de adaptación. Te adaptas primero personalmente, cuando te casas, tienes hijos, es un proceso de adaptación constante en su momento. 

 

Cuando en 2015 decidimos, con un niño de 10 meses, montarnos en un avión e irnos al sur de Estados Unidos, algunos decían que estábamos locos. Ahora no puedo estar más contento de esa decisión, porque justamente nos complementó mucho como familia. Me complementó muchísimo como persona y también, como extensión, como profesional. 

 

Para mí el orden es ese, primero como persona y luego te lo llevas al campo profesional. Te acostumbras a que sea algo normal. El hecho de encontrarte con situaciones novedosas que te hacen salir de tu zona de confort. Es duro salir del espacio donde estás a gusto, donde tienes un entorno que conoces y te pasa algo que es un poco como la incógnita del idioma. Al principio el inglés era una barrera, tenía un B2 y estaba acostumbrado a hablar en inglés hasta cierto punto, pero no para ese nivel de interlocución.

 

Cuando llegué, lo primero que encontré fue a compañeros que te echaban una mano, y es cuando te das cuenta de que realmente no estás solo cuando haces este viaje. 

 

Lo mejor de vivir una experiencia como esta es que te das cuenta de que no todo es como tú pensabas. Te acostumbras a que hay ciertas cosas en tu vida que funcionan de una manera y te haces una idea de que en todos los lugares es así. Tienes tu espectro, tus perspectivas muy cerradas. 

 

El hecho de exponerte a distintas formas de pensar, diferentes maneras de trabajar, de vivir… nunca había pensado hacer las cosas así y resulta que ahora, cuando he vuelto a España, no quiero perder esa manera de hacer ciertas cosas, la forma de ser, de tratar con tu familia, con tus amigos, la forma de afrontar los desafíos profesionales es muy diferente, pero no significa que sea algo malo.

 

Yo creo que esos pasos te enriquecen y te los llevas luego, y el objetivo de llevártelo es compartirlo con el resto. Te traes algunos principios que de otra manera seguramente no hubieras podido adquirir. 

 

¿Cómo Sngular te ha ayudado a seguir aprendiendo?

 

Sngular me ha ayudado a seguir aprendiendo porque no me ha dejado de poner desafíos y, por otro lado, me ha dejado siempre que marque mi propio camino. 

 

Es algo que comento cuando hablo con los compañeros, y es que aquí venimos a marcarnos nuestro propio camino. De hecho, una frase que algunos me escuchan ahora es decir “no, no me preguntes a mí qué es lo que tienes que hacer”, porque yo no quiero ser quien te diga tu siguiente tarea o cómo afrontar las cosas que están bajo tu responsabilidad.

 

Yo no estoy para eso, estoy para ayudar a que cada uno lo aborde a su manera. Es la forma en la que siempre lo hemos hecho en Sngular. Cuando cambie a mi rol de CEO pregunté: “¿Qué se espera de un CEO?” y la respuesta que recibí fue “Dímelo tú”, eso me dejó bastante marcado. Tienes que definir tu propio aprendizaje, decidir cómo quieres evolucionar. 

 

Es verdad que hay que tener paciencia, que al final, que muchas veces queremos hacer las cosas más rápido de lo que luego somos capaces. Pero desde luego, yo veo lo que soy ahora y cómo era hace 15 años, antes de entrar en Sngular, y además de ser 15 años más viejo, han pasado muchísimas cosas y hemos ido evolucionando. 

 

Sin duda, influye trabajar al lado de mucha gente, es un subidón. Aprendes de cualquier persona con la que te sientas a conversar, te involucras en proyectos que te ponen delante de una pizarra, a pintar arquitecturas o a te pones a depurar una solución. Creo que lo principal para aprender es tener ese espíritu abierto, de estar dispuesto a cambiar y a aprovechar todo lo que se mueve a tu alrededor.

 

¿Qué haces para animar que aquellos que están a tu alrededor a que sigan aprendiendo?

 

Pues hace no mucho, tuve una conversación con un equipo de España y les decía “me vais a perdonar, pero vengo a pinchar un poquito”. Es decir, que vengo a sacaros de vuestra zona de confort, a moveros. ¿Qué cosas cambiaríais? Muchas veces la labor es reforzar al equipo y proponer puntos de vista diferentes. Darles la seguridad de que hay que probar cosas y que no pasa nada si fallamos, que todos nos equivocamos todos los días.

 

Me equivoco un montón de veces, estoy segurísimo, pero no por ello dejo de seguir intentándolo. Yo intento dar esa red de seguridad. Si funciona, bien, si no funciona, le daremos una vuelta, haremos algún cambio y seguro que conseguimos que funciona la versión 2, 3 o la 4. 

 

El inmovilismo, el mantenernos haciendo lo mismo siempre en el mercado en el que nos movemos, no es una opción. Te adelantan por todos lados. Por eso, todo mi esfuerzo está enfocado a ayudar a que todo el mundo evolucione en su carrera profesional, y quieran seguir moviendo, que no se detengan. 

 

¿Por qué alguien debería considerar trabajar en Sngular?

 

Yo le pediría que venga a enseñarnos cosas nuevas a los que ya estamos aquí. 

 

Cada vez que alguien se incorpora a la compañía, lo que tenemos que hacer es aprovechar para aprender de esa persona. Que venga con ganas de compartir y de aprender de la persona que tiene a su lado; de desafiar las normas, de mirar un poco más allá. 

 

Si piensas hacia dónde quieres enfocar tu carrera, creo que somos una organización donde cada uno define su camino y es algo que sucede. Yo puedo hablar en primera persona, evidentemente, pero hay más ejemplos donde lo he visto y, lo único que diría, es que no hay que tener miedo a probar. 

 

Hay que intentarlo y arriesgarse. Aquí vamos a tener un espacio para cada persona. Intentamos tener planes personalizados. Seguimos siendo personas con nombre y apellidos. Está en nuestro ADN y creo que es lo que podemos aportar.