Las emociones, la clave de un buen trabajo en equipo

28 agosto 2019

Las emociones, la clave de un buen trabajo en equipo

by Fernando Hidalgo

Felicidad: la puerta de entrada a las emociones

De las muchas emociones y sentimientos que puede tener el ser humano solemos centrarnos en una única emoción: la felicidad. La buscamos, la anhelamos y la ponemos como eje central de nuestra vida. Tiene sentido: la evolución del ser humano, sin el objetivo de ser felices, no habría sido la misma. De hecho, hay quien piensa que ni siquiera habríamos sobrevivido.

La felicidad se ha considerado siempre como un concepto relativo a nivel práctico y, sin embargo, es una sensación que todos reconocemos de maneras muy similares. Además, no siempre ha sido una prioridad, tal como lo es en nuestra época.

Por eso, la felicidad está en nuestro pensamiento y en nuestra conversación habitualmente, que marca el rumbo de nuestra vida y maneja el timón de nuestras decisiones.

¿Por qué no sé qué estoy sintiendo y por qué sería importante saberlo?

Esa “obsesión” por la felicidad no nos ha permitido prestar atención a otras emociones. Una de las cosas más significativas del grado de ocultismo y desconocimiento que tenemos sobre nuestras emociones es la sorpresa cuando nos dan un listado de estas sensaciones.

Responder a la pregunta de “cómo estás”, con un “bien”, es tan habitual como superfluo y falso. A veces conseguimos alcanzar a saber que no estamos tan bien y entonces decimos que nos sentimos regular.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿por qué somos incapaces de saber qué sentimos?

Es probable que en nuestro día a día, en nuestra infancia y en nuestro periodo adulto también, hayamos tapado nuestras emociones constantemente en cuanto aparecían. Cuántas veces nos habrán dicho: “no ha sido nada, no llores”, cuántas veces habremos oído: “no grites”, “seguro que ya mismo se te pasa”…

Continuamente hemos tapado cualquier emoción que no sea felicidad, y si hemos acudido a nuestros padres siendo niños o a nuestros amigos siendo adultos, muchísimas veces ellos nos han ayudado a tapar esa emoción lo antes posible.

Hemos apartado, encerrado, ocultado y bloqueado todas esas emociones durante mucho tiempo, tanto que ahora no sabemos ni reconocerlas. Y eso es un problema, porque las emociones no se pueden manipular, no se pueden enterrar, y seguirán estando ahí, en la base de nuestras acciones, nuestro sentir y nuestro comportamiento. Las sensaciones son síntomas, señales de lo que nos ocurre, ocultar esas señales solo provocará que no tengamos información respecto a qué nos está pasando y lo que es más importante: por qué.

Educación emocional y cómo aplicarla en la empresa

Por eso, desde hace algún tiempo, muchas personas se han dado cuenta de que la educación emocional es importantísima. ¿Cómo podemos avanzar en este ámbito e integrarlo en nuestras relaciones profesionales?

He querido distinguir algunos pasos básicos para poder introducirnos y trabajar sobre esto:

0. ¿Qué emociones existen?

Parece una tontería pero si no tienes el vocabulario y no sabes el listado de emociones que existen, difícilmente podrás identificarlas. Aquí tienes un listado con más de 250.

1. Escúchate emocionalmente

La mejor manera de identificar una emoción cuando aparezca es mantener en silencio tus pensamientos, tus juicios, evitar pensar qué vas a hacer, qué has hecho, qué te dijo, qué le vas a decir… y prestar atención al momento presente. Mucha gente llama a esto meditación o mindfulness y por eso está tan de moda. 

2. Busca otros momentos

Una vez que te hayas dejado sentir unos segundos puedes comenzar a indagar sobre esa emoción y qué otros recuerdos tienes asociados a la misma. Nuestro cerebro ya tiene establecidas esas conexiones, de manera sencilla y directa, podemos pensar en otros recuerdos que nos han generado una emoción similar y nuestra memoria emocional hará el trabajo de buscar y devolvernos algunos de esos momentos.

3. Qué necesitas

Con cada emoción, con cada sentimiento que aparezca, a través de la observación y escucha, podemos reconocer qué ha provocado esa emoción y pensar qué necesidad aparece. 

4. Exprésalo al grupo

Una vez que tengas identificado qué sientes, por qué has sentido eso, y qué necesitas en función de esa señal emocional, necesitamos expresarlo al grupo de manera organizada y claramente separada. Esto se puede ver claramente en la metodología de la Comunicación No Violenta. A través de sus 4 fases identifica y organiza la comunicación, de esta forma, es mucho más sencillo que encontremos la empatía y comprensión, el respeto entre las partes.

5. Verifica la entrega: empatía

Es bueno verificar que la otra persona ha entendido lo que le hemos transmitido y que sabe cómo nos sentimos y por qué. Es bueno pedirle que nos explique lo que ha escuchado y que utilice su memoria emocional para intentar recordar algún momento en el que se haya sentido igual que nosotros.

Una de las cosas que ocurre cuando sentimos enfado o rabia es que cambia nuestra percepción y nuestra atención, disminuyendo radicalmente. Según Daniel Goleman, autor del best-seller Inteligencia Emocional: “las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa”.

6. Escucha a los demás

Cuando aparezca una emoción en nosotros nos encantaría ser capaces de hacer todo esto con la persona que tenemos enfrente y haya formado parte de los sucesos que han despertado esa emoción. Y que esa persona nos dedique su tiempo para ayudarnos en este proceso. Cuando seamos nosotros los que estemos en una situación donde otro tenga una emoción que quiera escuchar y trabajar también será importante dedicarle nuestro tiempo.

7. Programando nuestro trabajo emocional

Por último, explicar una manera (fundamentada nuevamente en la Comunicación No Violenta) sobre cómo poder trabajar con nuestras emociones en cualquier momento, sin necesidad de que sea justo cuando un hecho las haga aparecer.

La primera forma es repasar mentalmente la situación que provocó esa emoción, podemos dibujar esa situación, escribir sobre ella, o contarla en voz alta o con un facilitador, es probable que la emoción aparezca de nuevo. La otra opción es utilizar de nuevo la memoria emocional, buscar un estímulo externo que provoque esa emoción y entonces repasar la situación que nos interesa trabajar que había provocado una emoción similar.

Cuestión de prioridades o latencia

Para terminar, volviendo a citar a Daniel Goleman, la inteligencia emocional es, de alguna forma, más importante que la inteligencia racional. Me explico, citando al escritor y psicólogo nuevamente:

“El cerebro emocional responde a un acontecimiento más rápido que el cerebro racional… El cerebro racional habitualmente no decide qué emociones deberíamos sentir”.

Es decir, cuando ocurre un acontecimiento siempre reacciona primero el cerebro emocional, podríamos decir que tiene una menor latencia porque es más sencillo, reconoce patrones del acontecimiento e inmediatamente es capaz de lanzar la emoción correspondiente. Es un comportamiento más sencillo, más primitivo y por tanto, más rápido, lo que lo coloca por delante del comportamiento racional.

De hecho, según la segunda referencia de Goleman, el cerebro racional no puede decidir qué emociones sentir al momento de suceder un hecho. Sin embargo, la inteligencia emocional sí decide o influye enormemente sobre qué acciones llevamos a cabo y sobre cómo piensa nuestro cerebro racional en esas situaciones.

Por tanto, necesitamos tener claro cómo funcionan ambos mecanismos, y no podemos saltarnos u obviar el primero de ellos, el emocional.

Algunos ejercicios

Por último, vista la importancia y forma de trabajar nuestra educación emocional, me gustaría explicar qué ejercicios pueden llevar a cabo para, de manera sencilla,  madurar sobre este tipo de inteligencia en el ámbito laboral y personal. Al final, este tipo de inteligencia tiene una “musculatura” que necesitamos desarrollar a través de entrenamiento:

  • Profundizando: Cuando veas una película y haya un momento donde sientas alguna emoción, pulsa el botón pausa y busca en qué otros momentos sentiste una emoción similar. Aparecerán algunos de ellos fácilmente. Investiga qué provocó esa sensación y qué necesitabas entonces.
  • Check-in: Eventualmente para unos segundos y pregúntate: ¿cómo me siento?, respira, date unos segundos… y, después, prosigue con lo que estabas haciendo con mayor consciencia. Tranquilo, al principio puede que no te resulte fácil  responder a esa pregunta.
  • Check-in grupal: Antes de cualquier sesión de trabajo en grupo, haced una rueda para comentar cómo llegáis a la sesión. Ya sea expresando una emoción o una palabra, o simplemente describir un poco los hechos que suceden o han sucedido inmediatamente antes de esa reunión para poder expresar finalmente con qué emociones venís.
  • Observación de conflictos: Cuando ocurra un conflicto entre dos personas del equipo, pasados unos días y utilizando a un tercero como facilitador, practica la Comunicación no violenta y los pasos descritos en este artículo para trabajar sobre las emociones que aparecieron en ese conflicto, qué mensaje y qué necesidades traían a cada una de las personas involucradas en el conflicto.

Conclusiones

El trabajo con las emociones es imprescindible para nuestro desarrollo personal y profesional, ya que, como hemos comentado, la inteligencia emocional actúa en nuestro sistema antes que la inteligencia racional, y por tanto, no podemos ignorarla. 

Debido a nuestra cultura y educación estamos poco desarrollados en este ámbito, pero cada vez encontramos más herramientas, ejercicios, experimentas y referencias que nos permitan despertar esa inteligencia emocional.

Comienza por los ejercicios más sencillos o por un taller introductorio, verás como muy pronto podrás empezar a ver resultados y aplicarlos en el mundo de la empresa.

En Sngular, la felicidad de las personas es una prioridad y eso se pone de manifiesto en las acciones y decisiones del día a día. Puedes encontrar más información en este artículo: http://blog.sngular.team/felicidad-estrategia. Y no solo observamos la felicidad, sino que estamos dejando el espacio y las oportunidades para observar y dar cabida al resto de emociones.

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